Proyecto Prometeo-San Luis R.C.

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17 de julio, hace 237 años.Masacre en el Río Colorado. El virrey, don Antonio María de Bucareli y Ursúa planeó intercalar establecimientos militares en puntos críticos, peligrosos o propicios entre el derrotero Sonora-California para evitar emboscadas, pero; hasta 1779 los reyes de Castilla solo permitieron dos establecimientos en el bajo delta, uno con los yumas y otro entre los cucapahs; aunque el padre Garcés creía estar las condiciones favorables para establecer tres misiones; pero solo se autorizaron dos. Estas dos misiones se fundaron por disposición del Comandante de las Provincias Internas, Teodoro de Croix, en 1780, muy cerca una de otra. Sus misioneros fueron los franciscanos Francisco Garcés, Juan Barreneche, Matías Moreno y Juan Díaz. Las ordenanzas de estos establecimientos, en cuanto a lo que se refiere a legislación, fue despachada el 12 de marzo de 1780. Autorizada una Misión para fundarse a la vista de la bocana del río108, se trazó y marcó sobre el bordo arenoso en el lado sonorense izquierdo de la corriente, junto a un abundante nacimiento de agua dulce, conocido por los Cucapah como: TT’ á Jattwi* (hoy El Doctor, Espejo de Luna109), rodeada de mezquites, inmediato al conglomerado disperso de habitaciones de la ranhería Koipal, solo se dejó marcada en trazo sobre la tierra, pero su intención suspendida jamás se continuó. Fue cumplida la primera ordenanza, designando como ministros a los padres Juan Berreneche (nativo de Santa Elena en Florida) y Francisco Garcés (nativo de Aragón), quienes construyeron el templo-Misión de Nuestra Señora de la Purísima Concepción del Río Colorado, -sobre la cima de la colina Norte - en el lugar llamado “El Paso” del río, entre los Yuma-Quechan. Autorizada la segunda ordenanza se cumplió, pero no entre los Cucapah; quedó a unos doce kilómetros río arriba de la primera, levantándose el puesto misional dedicado a la advocación de San Pedro y San Pablo de Bicuñer teniendo como ministros los padres Fray Juan Díaz y Matias Moreno (nacido en Burgos), (inmediata al Picacho donde ahí; porque, en esas fechas se descubrió ahí una mina de oro). Simultáneamente Felipe de Neve, Gobernador de California envió a Fernando de Rivera y Moncada a reclutar soldados y colonos para fundar el Pueblo de Nuestra Señora Reina de los Angeles y la Misión de Santa Bárbara en la Alta California; cumpliendo con la orden Rivera fue allá en 1780 teniendo un éxito moderado; aún así, consideró tener la suficiente gente reclutada, con soldados y pobladores. En la primera semana de junio de 1781, el capitán Fernando de Rivera y Moncada al frente de su grupo con cuarenta soldados españoles muy bien armados, más todos los nuevos reclutas trayendo sus familias, conduciendo casi mil cabezas de ganado entre vacas, caballos y mulas, llegó al cruce Yuma, procedente de Álamos. Toda la gente obedeciendo órdenes soltó su ganado y caballada para que pastaran libres; con ello, la recua, piara, manada y rebaño destrozaron las milpas y sembradíos de los indios Yuma-Quechan; una segunda parte del mismo contingente arribó días después e hizo lo mismo, soltaron libres sus animales. Esta fue la gota que ocasionó romper la tolerancia de los Quechan. Ya desde algunos meses antes, los indígenas habían presentado inconformidad y queja por los destrozos ante el comandante Santiago Yslas, pero; con toda la calma y disimulo continuó permitiendo los destrozos del ganado de Rivera y Moncada. Fue tan grave el sentimiento de ultraje provocado con este hecho, al grado que el mismo Salvador Palma, jefe Yuma-Quechan llevado a bautizar a la misma catedral de la Ciudad de México; siendo su padrino el mismo virrey, desde entonces devoto, piadoso, religioso. ‘’Hoy frenético sintió el agravio’’ y desde finales de junio preparó la devastación de los dos pueblos: Bicuñer y Concepción, asesinar a todo extranjero. Verdaderamente el ataque fue con saña, incendiando casas y los dos templos de misión, masacrando a sus habitantes. Aconteció en la madrugada del martes 17 de julio de 1781, estando oscura aun la aurora, un poco antes que las campanas llamaran a misa, cientos de guerreros Quechans, Quiquimas, Cahuilas, Dieguinos, Mohaves… dispersos sigilosamente habían rodeado los dos pueblos. El primer ataque fue a Bicuñer; ahí la quietud del alba fue tomada de sorpresa con los gritos de guerra de los quechans, quienes blandiendo macanas y lanzas, en aterrador alarido con lluvia de flechas incendiaron las habitaciones y templo con anexos de la misión, matando a cada español que pudieron tener en sus manos114 la guerra se había desbocado, porque entre la turba no solo estaban los yumas, sino que numerosos grupos acudieron a reforzar la revuelta y cada grupo siguió a sus jefe, por lo que Salvador Palma no era el comandante general; solo respetaron sin tocar las mujeres y los niños. De 77 entre hombres, mujeres y niños que descansaban en Bicuñer esa mañana, cuarenta y cinco cuerpos muertos se vieron desperdigados, destrozados, dispersas sus partes entre espinas y abrojos117 y mientras Bicuñer ardía la turba de Quechans y Mohaves se fueron para aumentar los guerreros en el ataque contra el pueblo de Nuestra Señora de la Purísima Concepción en el cruce yumano del Río Colorado; aquí algunos residentes ya habían muerto en manos de la avanzada y otros se defendían protegiéndose entre barricadas replegándose a las casas y la iglesia. Siendo ya medio día el ataque cesó, pero continuo la batalla anocheciendo, al incendiar las casas murieron algunos pobladores en las llamas, quedando los habitantes sin protección, descubiertos a la intemperie fueron víctimas de los flechazos de la indiada. La noche fue de un terror atrozmente inaudito, durante esos días 17, 18 y 19 de julio de 1781, el capitán Rivera y Moncada murió en la masacre . Los muertos del lado español a manos de los Quechan se cuentan en total: 105 entre hombre, mujeres y niños. Fueron asesinados 37soldados, 23 hombres habitantes de los poblados, 20 mujeres, 21 entre niños y niñas y 4 ministros frailes cuyos cuerpos se hallaron destrozados; siendo atrapados y sometidos a cautiverio 76: 3 soldados, 2 hombres de los poblados, 4 indios intérpretes o sirvientes, 30 mujeres adultas 37 niños entre hombres y mujeres, a quienes los inmediatamente los pusieron a trabajar En esta tragedia, los Yuma-Quechan lograron rescatar tus terrenos y su río. Algunos residentes salvaron su vida porque ya andaban de pie en los campos de cultivo, en los establos, sobre los canales de riego, en la ordeña o talleres de trabajo, entre el pánico y la confusión otros enterados huyeron ocultándose entre palizadas y tulares del río; así platicó Miguel Antonio Romero, soldado del presido de Buenavista, quien se arrojó a las aguas del río nadando hasta ocultarse lejos en las riberas y miró como el capitán Salvador Palma dejó escapar a una mujer a quien inmediatamente protegieron los Cucapah; otros más se dispersaron huyendo sobre la extensión hacia el desemboque, quienes posteriormente aparecieron como viejos residentes de nacientes rancherías mestizas; algunos pocos agobiados escaparon hacia Sonoydag, San Diego y San Gabriel. Desde entonces, durante casi cincuenta años en esta región habitaba la muerte en el Camino del Diablo. .

Cronista de San Luis Rio Colorado Federico Iglesias Serafín .